Luzroja

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« Respuesta #3 en: 24 de Enero de 2009, 20:31:38 » |
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El pegarse es cosa de niños, dice la delegada (y no sólo ella sino todo quisqui) pero se olvida decir que después continua siendo cosa de muchachos, cosa de adolescentes, cosa de adultos hasta que en la vejez, las fuerzas nos abandonan.
A mi entender hay una edad frontera para entender la agresión, y esta está en los tres años, antes de esta edad los niños muerden o pegan con la misma intención que meten los dedos en un enchufe o le tiran del rabo al gato...es puro aprendizaje, lo único que podemos hacer es evitar que la agresión se produzca, es decir, el padre, conocedor de la tendencia agresiva de su hijo, debe evitar que él actúe de esa manera, que no experimente esa conducta. A partir de los tres años, el niño ya sabe que pegar duele y que está mal, es decir ya tiene perfectamente asimilado que es una mala conducta, pero no sabrá reprimirla si durante sus primeros tres años no se le han parado los pies a tiempo.
Un niño que con 4 o 5 años (o más, no sé la edad del niño) le clava un lápiz en el ojo a otro hasta el extremo de dejarlo ciego, no es una agresión aislada, el niño está ya entrenado en este lenguaje, y digo esto porque es prácticamente imposible que un niño que no tenga tendencias agresivas le clave al compañero un lápiz en el ojo…esto no “cuela”. Que nos quieran decir que no había malicia, ni riña entre los niños empeora aún más si cabe el hecho, ya que nos dibujan a un niño “impredecible”, es decir un ser capaz de causar daño sin motivo alguno, ni enfado, ni maldad…
Los accidentes o las riñas entre dos, en infantil o en primaria, pocas veces tienen consecuencias graves, salvo en los casos que intervienen otros factores (como ponerse a pelear al borde de una escalera y uno de ellos caer por ella). La deliberación para herir al otro va en aumento, hace unos años, una compañera mía de 2º tenía un alumno capaz de desmontar un sacapuntas y cortar con la cuchilla a su compañero en la mano o donde le viniera bien…fue un caso muy difícil. En mis años de maestro en primaria he visto a niños clavarles el lápiz a otros en la mano, quedarse incrustada la punta en el músculo y tener que presionar para sacarla…y por supuesto, el agresor sabía lo que hacía y que dolía, porque cuando le ofrecía al agredido mi afilado lápiz para que se lo clavara al agresor, éste retiraba la mano, se ponía tenso y decía que no.
Sería comprensible el tratar como accidental esta situación, si el agresor hubiese estado enredando con el lápiz y en un desafortunado revés acertara a clavárselo en el ojo al otro niño, al que pilló desprevenido y no pudo reaccionar cerrando los párpados...cabe esta posibilidad...hay que considerarla.
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