Profesor Insipiente

Mensajes: 1107
|
 |
« Respuesta #90 en: 02 de Agosto de 2009, 21:34:53 » |
|
. Estimado Tannhäuser, me propuse no entrar en este foro hasta que la censura desapareciera. Pero la pureza de la Ilíada, su enorme fuerza, siempre me afectan.
. Agamenón no fue a la guerra de Ilión por vengar la afrenta de su hermano Menelao y recuperar la belleza inmaculada de Helena. Fue por la ambición de conquistar Troya y quedarse con sus riquezas, y engrandecer, así, su propio ego insaciable. No dudó en matar a su propia hija para que soplara siquiera una brisa que le permitiera partir en busca de sus deseos. Una vez llegado a su destino, un antojo caprichoso hizo que, no contento con quedarse, como siempre, con la mayor parte del botín de cualquier ciudad saqueada, quisiese también quedarse con Briseida, la muchacha que le fue dada a Aquiles. Despreció a Aquiles y sólo el ver que iba perdiendo la guerra hizo que se tragase su orgullo y suplicase la participación del Pélida, colmándolo de regalos y devolviéndole a Briseida, y jurándole que ni siquiera la había tocado. Aquiles no declinó su cólera contra Agamenón por las súplicas de éste, ni por los regalos, ni por la restitución de la muchacha. Tan sólo cambió la cólera que sentía hacia Agamenón por el dolor y la rabia que supusieron la pérdida de su querido Patroclo. Las ansias de vengar a Patroclo lanzaron a Aquiles contra los troyanos. Sin la muerte de Patroclo, las naves aqueas hubiesen acabado incendiadas, las innumerables fuerzas aqueas destruidas para siempre. Y, todo, por el engreimiento y la soberbia del Atrida.
Saludos.
|