El artículo del señor inspector y profesor de universidad no es, en el fondo, tan descabellado. Me parece incuestionable que quien se va a dedicar a un oficio necesita una sólida formación previa. Un estudiante de medicina adquiere conocimientos sobre anatomía y enfermedades pero también sobre cómo tratar los males que éstas causan. Un licenciado en Historia, en cambio, apenas adquiere intuitivamente los rudimentos para defenderse en lo que será, con toda probabilidad, su profesión. Aquí uno de los problemas es que la formación pedagógica que recibimos es pura basura ideologizada. Los pedagogos forman una casta aparte que considera innecesario
mancharse con los contenidos, de modo que la formación profesional que adquiere un licenciado -antes en el CAP, ahora, al parecer, en el máster- es un injerto alienante.
El informe McKinsey nos mostró que los sistemas educativos más competitivos escogen a los futuros docentes entre la élite de los licenciados y sólo esta minoría seleccionada tiene acceso a la formación pedagógica; aquí, en cambio, un aluvión de licenciados/masterizados entran en la enseñanza de dos maneras bastante cuestionables: un mejorable modelo de oposiciones y un sistema de interinidades que permite el acceso indiscriminado a gente con formación y aspiraciones muy diversas.
En Singapur y Finlandia, en distinta medida, el Estado controla el proceso completo de admisión
de estudiantes de profesorado. En Singapur, los potenciales docentes son seleccionados y empleados por el Ministerio de Educación antes de comenzar su capacitación docente. En Finlandia hay un proceso de dos etapas. En la primera etapa los postulantes son sometidos a un examen de alcance nacional. En la segunda etapa cada universidad selecciona a sus propios candidatos entre aquellos que hayan satisfecho los requerimientos de la primera etapa. Las vacantes para cursos de profesorado son limitadas, de modo de equilibrar la oferta de graduados con la demanda.Informe McKinsey
¿Es la creencia de ser unos "privilegiados" que alcanzaron la mesocrática aspiración de ser funcionarios la que nos vuelve dóciles y temerosos ante las cacicadas de la administración? Pues la mala conciencia que impide al profesor andaluz defenderse de ataques como el ROC parece propia de quien cree estar sin merecerlo ocupando un cargo privilegiado. Otro gallo cantaría a la administración, pues, si se enfrentara a profesores seguros de sí mismos y de su valía profesional.